jueves, 12 de junio de 2008

El miedo absurdo

Esta mañana he entrado al Mercadona para comprobar con mis propios ojos lo que había visto por televisión: psicosis colectiva y compras compulsivas. Las estanterías estaban mayoritariamente vacías, fueran las del pescado, la carne, el pan, la leche, etc. Me ha impactado mucho esta imagen que nunca había visto antes. Esas personas estaban comprando y derrochando para llenar sus despensas y prevenirse ante una supuesta “crisis alimentaria” como consecuencia de la huelga del transporte.

En principio, la cordura parece decir: “ante la crisis, previsión y seguridad” o, dicho de otra forma, “llévatelo tú antes de que se lo lleve otro”. ¿Es ésta una reacción normal o un acto de egoísmo puro y simple?

El caso es que esta escena de pánico fabricado me ha conducido directamente a otras escenas que ya tenía almacenadas en mi mente. Pensaba en el miedo inyectado que mueve la vida diaria de tantos cerebros y cerebras. Empecé a pensar en la gente que prefiere condenar laboralmente su vida para poder pagar una hipoteca a 40 años, por miedo a llegar a la jubilación y quedarse en la calle. Pensé en el miedo de la gente que cree en la existencia de armas de destrucción masiva, que necesita vigilancia nocturna en sus edificios, seguros de vida y, en general, toda la industria de la vigilancia y la seguridad, cuyo ejemplo paradigmático es la empresa estadounidense “Blackwater”. Pensé en el miedo y en el placer de la gente que siente tanta satisfacción al ver que las calles de Murcia tienen más y más patrullas de policía. Pensé en el miedo que tiene la gente en hablarle a un moro, pensando que tal vez esté tramando una nueva Reconquista española. Pensé en el miedo de los padres y madres que controlan y protegen a sus hijos e hijas hasta extremos enfermizos, hasta el punto de estrangular su infancia. Pensé en el miedo de los estadounidenses que votaron a Bush en 2000 y 2004 por miedo al “Eje del Mal”. Pensé en el miedo que gestiona los aeropuertos, especialmente ingleses y estadounidenses. También pensé en todas las personas que tienen miedo a expresar su rabia por las injusticias que sufren, y que no se atreven a participar en algún movimiento de resistencia pacífica, sólo por el “qué dirán”.

Creo que una manera interesante de comprender los pensamientos y las actitudes de las personas está en enlazar sus propias palabras con el miedo que están cargando en sus espaldas. Dime qué hablas y te diré qué temes. Esto es importante para desmontar esa mentira de desayuno diario que nos dice que vivimos en una sociedad cada vez más libre. ¡Mentira! La libertad que tienen las personas para apropiarse de objetos y acumularlos es directamente proporcional a su miedo pulsional. Es espectacular cómo nos inyectan miedo por todos lados: políticos, medios de comunicación, la gente…Vivimos en una sociedad que se jacta de ser libre y que está habitada por personas con muchas dificultades para expresarse libremente.

Procuro no entrar al Mercadona, pues responde al modelo de empresa que se rige por la ley del más fuerte (no todas son así), y que bien contribuye a erradicar muchas marcas tradicionales, el comercio tradicional de barrio y el trato humano con el tendero. Entré para presenciar una escena de egoísmo y pánico ficticio. Egoísmo por no comprender que ésta es una situación transitoria en la que los transportistas están presionando al gobierno de Zapatero, y pánico ficticio por creerse que la novena potencia (económica) del mundo está pasando por una crisis de alimentos. En definitiva, una escena provocada por el miedo absurdo que tanto frecuenta nuestras sociedades libres.

Por cierto, una última reflexión. Somos tan libres que alimentarnos depende cada vez más de unas pocas empresas de supermercados y grandes superficies multinacionales. Esto no hubiera ocurrido hace no mucho, en la Murcia que tenía huerta y que celebraba el Bando de la Huerta, la misma que un político acaba de difamar como la Murcia del “señor de burro y alpargata”. Sin comentarios.