El libro se sostiene con una idea psicologicista: “todo son estados de conciencia”, lo cual significa que tanto la positividad como la negatividad de nuestra vida no es más que un resultado de nuestra disposición mental hacia la cosas, bien sea receptiva o hermética. Por decirlo con una metáfora, es como si la mente y la realidad fueran una hoja en blanco que nosotros mismos escribimos (si bien coaccionados por nuestra sociedad y nuestros prejuicios). Es una tesis fundamental para
Para este libro, que busca sus fuentes en la sabiduría de la filosofía tolteca, la cuestión decisiva está en transformar nuestros propios estados mentales de percepción de la realidad, es decir, nuestra predisposición normalmente negativa para comprender las cosas, para que, de este modo, se transforme a su vez la misma realidad y la comprensión de sus cosas en energía positiva. Podría resumirse con un simple: “cree lo que quieras y eso será la verdad”. Lo que se pretende con esta idea aparentemente solipsista es invitar al lector hacia una verdadera introspección de sí mismo, un auténtico querer buscar las fuentes del yo, primer paso para la libertad primera: la libertad de pensar por uno mismo más allá de los prejuicios sociales y personales.
La metodología que propone el autor se resume en cuatro acuerdos (y sus correspondientes autocríticas) que todo lector y lectora debe hacer consigo mismo:
1. “Sé impecable con tus palabras”. Este es el acuerdo personal más importante y el más difícil, pues consiste en el poder personal de cada cual para afirmarse a sí mismo, para pensar por sí mismo y llevar a término sus propios pensamientos: “¡afirma lo que piensas en tus actos!” o, directamente, “¡atrévete a ser!”. Es un pacto entre nuestras palabras afirmativas y sus acciones consecuentes, lo cual, bien lo sabemos todos y todas, no suele ocurrir, y el mejor ejemplo lo tenemos en casa. Es aquí donde se muestran todos aquellos prejuicios personales y sociales que tanto nos atemorizan y nos ahuyentan de nosotros mismos, de la verdad con la que nació cada ser humano. Es a su vez donde se demuestra nuestra capacidad de compromiso con las personas y las cosas de la realidad, un desafío escasamente afrontado por nuestra sociedad. Es el mandato más difícil porque pone en evidencia hasta qué punto nos conocemos a nosotros mismos, nos identificamos con nuestra propia manera de ser y nos atrevemos a proyectarla hacia el exterior. Ser impecable consiste en afirmarnos para transformar nuestra negatividad interior en positividad para el mundo.
2. “No te tomes nada personalmente”. Este segundo acuerdo pretende defender la plena autonomía de cada cual para amarse a sí mismo independientemente de las atribuciones aceptables o no que procedan de nuestro entorno social. Ser impecable con nosotros incluye estar convencidos y seguros de nosotros y nosotras mismas, sin necesidad de que nadie lo apruebe, pues sin esta convicción de principio seguiremos vulnerables a las atribuciones y prejuicios sociales; produciremos y conservaremos más del resentimiento, odio y negatividad que ya poseemos. No se trata de ser egoísta o solipsista, sino de construir una identidad fuerte capaz de establecer acuerdos entre sus pensamientos positivos y sus acciones. De lo contrario, tomarnos las cosas como algo siempre referido a uno mismo no es más que una expresión egocéntrica que concibe la realidad como dependiendo siempre de nosotros.
3. “No hagas suposiciones”. Es algo que solemos hacer habitualmente y que, en el fondo, demuestra una falta de comunicación con el otro y una falta de seguridad con nosotros mismos. Aventurar pensamientos negativos de una persona hacia nosotros y nosotras sin más razón que nuestra propia inventiva es una tendencia excesivamente habitual entre las personas. En el fondo, dice nuestro autor, responde a una debilidad personal que de manera más o menos inconsciente atribuimos a los pensamientos ajenos. Se trata de pensamientos habituales como “seguro que piensa que soy tonto”. Estas suposiciones sólo se explican cuando no nos sentimos completamente identificados con nosotros mismos, lo cual nos lleva a sentirnos culpables y dificulta nuestra capacidad para emprender acuerdos entre nuestras acciones y palabras, nuestra capacidad para ser libres.
4. “Haz siempre lo máximo que puedas”. Este acuerdo es más bien una metodología de trabajo para poder cumplir los tres anteriores. Simplemente trata de señalar que la velocidad y la magnitud de estos tres acuerdos depende exclusivamente de las diversas capacidades de cada uno y cada una, con lo cual no tenemos más remedio que adaptarnos a ellas. No tiene sentido forzar el ritmo del propio acuerdo si no somos capaces de sostenerlo, por lo que solamente nos queda la fuerza de la insistencia y el buen hábito. Los acuerdos nunca funcionan el primer día, pero con el paso de los días y los años sí que se perfeccionan, cada quien según sus propias capacidades. Se trata de una alternativa a la perfección.
Paradójicamente, lo que nos está proponiendo Miguel Ruiz con su libro es una muerte del propio ego, ese ser lleno de miedos y prejuicios construidos socialmente a lo largo de la vida entre la educación-domesticación familiar, la escuela, el trabajo o los amigos. Sólo un ego así se toma las acusaciones de los demás o las suposiciones hacia los demás como algo personal. La propuesta consiste, como los baños de temazcal, en una muerte del ego y un renacimiento en libertad, en libertad respecto a sí mismo. Se trata de un yo identificado consigo mismo pero libre de las cargas, los prejuicios, las acusaciones y resentimientos ajenos. En definitiva, un yo capaz de transformar la negatividad que recibe en positividad.
Los cuatro acuerdos es un libro para vivirlo más que leerlo. Vivir estos acuerdos es construir psicológicamente una energía positiva personalmente liberadora y socialmente transformadora, capaz de iluminar y propagarse por entre los infinitos matices de nuestro mundo; una energía positiva para este mundo aparentemente feliz. Es un ejercicio personal normalmente olvidado por aquellos y aquellas transformadoras y revolucionarios políticos que nada consiguen cambiar.
2 comentarios:
Pues bien, has iniciado un nuevo viaje con este libro. Recuerda que lo más importante en este viaje eres tú, todo lo que pienses y digas de tí mísmo te llevará a un lugar. Este libro no sólo te está hablando de la identidad, si no que te hace una llamado a ir a lo más profundo, la sanación interior. Una identidad que no está sanada no será lo suficientemente fuerte. Espero que todos los días renueves los votos contigo mísmo através de estos cuatro acuerdos y que con ellos, poco a poco te vayas sintiendo cada vez más libre. La sanación del espíritu es la sanación del alma, de la mente y del cuerpo; la sanación de nosotros mísmos es la de nuestra sociedad y de nuestro planeta. Bien viaje en este que has iniciado. Muchos besos.
Hola la verdad estoy totalmente de acuerdo con tus puntos de vista y me parece excelente todas las palbras que utilizas, ademas de que el libro es muy bueno, tu lo haces más interesante con toda esa esencia que le pones, ese toque personal que coincide conmigo, gracias por dar tu punto de vista sobre el tema
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