La ciudad es preciosa. Como otras que ya he visto en México, es colorida, católica y ancestral. La antigüedad de sus edificaciones se remonta hasta el siglo XVI y la diversidad de sus lenguas cuenta ya milenios. Realmente allí hay indígenas de verdad, indígenas que a penas saben el español necesario para sacar adelante su negocio. Realmente parecen personajes de alguna película de Georges Lucas. Son los mismos indígenas a los que el gobierno les ha robado históricamente sus bosques, el petróleo, sus tierras, su alma…De verdad que de mexicanos no tienen más que el aspecto de los mapas oficiales que se editan sobre Chiapas. No sé si son 9 las lenguas diferentes que allí se hablan…
El caso es que a penas salía el viernes de trabajar agarré un autobús para Chiapas, con el fin de asistir a la Universidad de la Tierra, que es la universidad que tienen los zapatistas en San Cristóbal de las Casas. Allí se celebraban unas jornadas denominadas “Movimientos antisistémicos”. Más que el título de las jornadas me atrajo el cartel de los ponentes: Immanuel Wallerstein, Boaventura de Sousa Santos, Naomi Klein, Enrique Dussel, etc. Mi satisfacción en ese encuentro era que los allí presentes eran gente que pensaba porque actuaba, y actuaba porque pensaban. Parece sencillo, pero si la mayoría de conferencias de este planeta son aburridas y producen sueño se debe a que el ponente ha pensado tanto que se le olvidó actuar, hacer-algo. No sé si me hago entender…Allí se hablaba de cosas que realmente importan, de temas que están más allá de las elucubraciones teóricas de cada uno. Da gusto cuando se escuchan debates sobre los problemas reales del mundo global, sobre todo cuando se habla desde la experiencia.
La mayoría de ellos eran sociólogos, pero a mí me interesaba el último, Enrique Dussel, un filósofo argentino poco conocido en Europa que vengo leyendo desde que estuve en Brasil. Digamos que era “la persona” que quería ver durante mis días en México. Este verano redacté un trabajo para conseguir el DEA en la universidad de Murcia, y parte del mismo trataba sobre Dussel. Mi gran ilusión era conocerlo personalmente y entregárselo en mano, pensando que tal vez me haría alguna crítica.

El caso es que conseguí cruzarme con él, y la impresión que me causó fue tan agradable y fresca como sus libros. Últimamente me encontraba más distanciado de sus teorías, pero su afabilidad me ha animado a seguir leyéndolo. Le pregunté por su último libro, “20 tesis de política” y, con un gesto de complicidad, señaló con su mentón hacia abajo, donde estaba su maleta, y me dijo que agarrara uno. Yo jamás había pedido a nadie que me firmara su libro, pero la emoción me pudo y le pedí que me lo dedicara. Le pedí además que nos echáramos una foto, y para compensar mi abuso de tiempo, me pidió que esa tarde le hiciera unas fotos con un hombre de pipa que se iba a sentar a su lado, para que se las enviara por Internet.
El hombre de pipa es el líder sin poder del EZLN. El Subcomandante Marcos era el anfitrión del evento, el mito en vida, el primer antiglobalización del mundo contemporáneo. Tiene una figura que impresion
a muchísimo y que impone un silencio sepulcral cuando entra en la sala. Va encapuchado, a penas mostrando los ojos, remangado y mostrando un reloj en cada uno de sus brazos imponentes. Siempre llega el último, tarde, con paso muy firme y decidido, escoltado por tres zapatistas también con el rostro tapado. A penas saluda al resto de ponentes, se sienta en su silla y clava la cabeza sobre el papel. Así ocurrió en todas las conferencias. Deja hablar a todos los ponentes y guarda su turno para el último. Cuando comienza a hablar el “Sup”, la sala enmudece y una multitud de cabezas asoman por las ventanas, desde el exterior. La sala es pequeña, de madera, modesta. No sé si se nota en la primera fotografía cómo me tembló el pulso cuando, a un metro de la mesa y mientras preparaba la cámara, la mirada fulminante de Marcos se cruzó con la mía...La retórica de Marcos es la más persuasiva que he oído nunca, y puedo asegurar que ya oí unas cuantas. Sus palabras son tranquilas y femeninas, reposadas, poéticas, con una mezcla de ironía, crítica y sentido del humor. Este hombre, terrorista para quien lo conoce por los medios de comunicación, ejemplo para los que estábamos allí, es un licenciado en filosofía que estudió en Barcelona y que enseñó en la UNAM. Por lo menos, podrían decir que es un terrorista culto…
Me hubiera gustado fotografiarme con él, pero a penas empecé a interesarme por el zapatismo el pasado mes de octubre, y no me vi con la autoridad moral de pedirle algo tan especial. Es más, la proximidad de su figura genera en quienes estábamos a su alrededor una mezcla de admiración, atracción y temor. Se le podría considerar como un Bartolomé de las Casas contemporáneo; ya no dirige sus quejas al rey de España, sino los politicorruptos mexicanos; ya no se da a conocer tanto por sus libros, sino por Internet.
Si ahora Chiapas no es noticia, es porque no hay conflicto armado. Dicen que es porque ya se han desinflado, pero yo creo que es porque están logrando algo bastante nuevo para la teoría política. Lo resumen en una frase: “mandar obedeciendo”, algo muy distinto a “obedecer a los que mandan”, que es como todos entendemos comúnmente a los politicorruptos de la televisión. Invito a quien esté leyendo estas líneas a que se informe sobre este movimiento pacífico de empoderamiento civil, que tanta dignidad está devolviendo a los indígenas olvidados del sur de los mapas mexicanos. La Universidad de la Tierra es humilde, del "Tercer Mundo" (si se permite la ironía), pero creo que tiene unas cualidades que la Sorbona de París o Harvard estudiarán dentro de algunas décadas, cuando se den cuenta realmente de qué es lo que está ocurriendo hoy en Chiapas.









