lunes, 5 de noviembre de 2007

El banquero de los pobres, de Muhammad Yunus

El banquero de los pobres, de Muhammad Yunus

Alejandro Moreno Lax

El autor que se autoproclama como «el banquero de los pobres» es un revolucionario de la teoría económica. Este profesor universitario de economía, a quien le fue asignado el premio Nóbel de la Paz en 2006 por su labor frente al Grameen Bank, un banco comercial con fines sociales, puede presumir de haber sacado de la pobreza a 6 millones de bengalíes.

En un texto escrito con una vanidad aceptable, el profesor Yunus nos descubre la transformación personal que vivió al entrar en contacto con las bolsas de pobreza que rodeaban el campus de la Universidad de Chittagong: “En mis asignaturas, en la universidad, yo teorizaba utilizando cantidades de millones de dólares, pero allí, ante mis propios ojos, los problemas de la vida y la muerte estaban planteados en céntimos”.

Con una fórmula aparentemente sencilla, sintetizada en el préstamo de dinero a personas muy pobres sin constituir aval alguno, el Grameen Bank diseñado por Muhammad Yunus no sólo ha logrado erradicar un contingente elevadísimo de pobreza, sino también ha fomentado el proceso de empoderamiento femenino y su consecuente freno del crecimiento demográfico, la ruptura con los fuertes vínculos patriarcales y tradicionales de la cultura musulmana en Bangladesh o el error de fondo de todo el sistema bancario actual, que tiende únicamente a beneficiar a los más poderosos.

Frente al sistema bancario tradicional, preparado para prestar créditos a aquellos que ya poseen activos que funcionen como aval de garantía, esto es, personas con una capacidad de pago innegable, la novedad que introduce el Grameen Bank está en que sus microcréditos son entregados a aquellos que no tienen absolutamente nada, si empleamos los mismos términos que la banca convencional. Frente a este “apartheid financiero”, tal y como nos dice Yunus, cabe aceptar la existencia de un patrimonio mucho más originario y universal que es el mero instinto de conservación como fuente de toda creatividad posible. Si bien se trata de un recurso tradicionalmente utilizado para esclavizar y explotar a los trabajadores, la propuesta trata de emplear esta autoconservación creativa como aval infalible de devolución del crédito.

La clave fundamental del banco está en que parte de un procedimiento de escucha; frente a la habitual condescendencia y paternalismo occidental con los pobres, Yunus advierte del error que supone dar formación a los pobres para la concesión de créditos, pues éstos ya saben por su propia experiencia vital de algún tipo de habilidad que les capacita para trabajar, “la habilidad de la supervivencia. El hecho de que las personas pobres estén vivas es prueba más que suficiente de su capacidad. No necesitan que les enseñemos a sobrevivir: es algo que ya saben hacer”. Es más, la formación sólo está dirigida a quienes van a trabajar en el banco.

De esta manera, la filosofía del banco pone en entredicho no sólo la conveniencia de la caridad como simple purgación de conciencias, sino también el exceso de burocratización y dominación que las distintas agencias para el desarrollo, la mayoría de ONG´s y el Banco Mundial ejercen sobre las poblaciones empobrecidas que pretenden ayudar. Se trata justamente de lo contrario, de fomentar las capacidades que todo ser humano posee para ejercer creativamente una actividad productiva que genere beneficios. El mejor ejemplo está en la mujer, sujeto históricamente discriminado que, sin embargo, se ha convertido en la clave del Grameen Bank, pues los datos demuestran que el 95% de los partícipes de los programas del banco son mujeres, dada su alto nivel de cumplimiento con la entrega de los préstamos recibidos. Su condición tradicional de sujeto responsable de la familia les otorga una entereza y disciplina en el pago de las deudas que no experimentan, por lo general, los hombres.

Con estos logros, el profesor Yunus pretende poner en entredicho viejas dicotomías clásicas en la terminología económica, como son las distinciones entre empresario y asalariado, o préstamo y aval, para proponer una tercera vía bajo el nombre de la economía informal (el autoempleo) y el crédito social. También trata de aclarar la clásica confusión que se establece entre dos términos aparentemente sinónimos: el crecimiento y el desarrollo, estableciendo que “deberíamos considerar el desarrollo como una cuestión de derechos humanos y no reducirlo a un aumento sin más del producto nacional bruto (…), para que se refiriera específicamente a cualquier variación positiva mensurable en la renta per cápita del 50% más pobre de la población”.

Pero la síntesis más interesante y, sobre todo, más sorprendente de la obra, no ya por su fundamento económico sino político, está en ese “enfoque pragmático fundado sobre consideraciones sociales” con el que pretende denominar su actividad. Para la izquierda de nuestros días, tan aturdida por la expansión neoliberal de la globalización, puede parecer incoherente cómo un auténtico líder en la lucha frente a la pobreza puede considerarse un ciego defensor del libre mercado. Yunus trata de desmarcarse tanto de la voracidad del libre mercado como del Estado burocrático de nuestros días; ni el beneficio codicioso del laissez-faire ni el proteccionismo paternal socialista.

Frente a estas dicotomías, Yunus propone el concepto de «empresa social», algo así como una libre competencia guiada por valores sociales como motor de cambio para la sociedad del siglo XXI: “Grameen se opone tanto al sector público como al privado según se entienden habitualmente y defiende la creación de un sector completamente nuevo: el que llamo sector privado movido por la conciencia social”.

Parece una quimera representarse un mundo así, donde la voluntad individual encuentre un estímulo acendrado de corte social. De hecho, las últimas páginas del libro están cargadas de un utopismo sorprendente, por ejemplo ante el reto de erradicar la mitad de la pobreza mundial para 2015, el famoso y primero de los Objetivos del Milenio de la ONU, un desafío que a día de hoy ya sabemos imposible.

1 comentarios:

Chema de La Paz dijo...

Si Yunus ha colaboado en sacar de la pobreza a 6 millones de indios, �crees que nosotros podremos colaborar, gracias al conocimiento que nos transmite, a unos 100 � 200 en nuestra regi�n de Murcia? �No crees que merece la pena intentarlo?